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El torreón del vigía \ “La ley suprema es el bien del pueblo.” (Marco Tulio Cicerón)

Desde mi torreón he visto transcurrir incontables generaciones, cada una con sus propios éxitos y fracasos. Sin embargo, echando la vista atrás no puedo dejar de pensar que en que la vida es aprendizaje. Cada circunstancia nueva, cada persona, cada situación es una ocasión para aprender y aprehender algo que algún día puede llegar a sernos útil. La vida es un continuo reciclaje de conocimientos, pensamientos, opiniones e ideas.
 
El último día hablamos sobre los grupos y sus necesidades. Aprendimos sobre el Contrato Social de Rousseau y sobre los principios de la democracia. Hoy hablaremos sobre otro aspecto esencial en los grupos de personas. Hoy, hablaremos de la corrección de las infracciones.
 
Cada grupo tiene una serie de reglas que es necesario cumplir siempre que se quiera seguir siendo un miembro de pleno derecho. Estas reglas generalmente se acuerdan en la formación del grupo aunque pueden modificarse posteriormente gracias a la representación indirecta. El conjunto normativo de cada grupo se puede definir, como dijo Tomás de Aquino, como “La ordenación de la razón dirigida al bien común y promulgada por el que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad”. Es decir, el conjunto de reglas que están orientadas al bien común.
 
Estas reglas pueden ser de muy diferentes tipos, pero deben cumplir determinadas características:
  • Deben ser obligatorias, su incumplimiento conlleva una sanción.
  • Deben ser permanentes, con vocación indefinida. Sólo dejan de aplicarse si se modifican o derogan explícitamente.
  • Deben ser abstractas, para casos generales y no particulares.
  • Deben ser tenidas por conocidas, nadie puede alegar su desconocimiento para incumplirlas.
  • Deben ser generales, aplicadas a todos los comprendidos en su ámbito, sin excepciones.

Hoy nos centraremos en los aspectos más importantes: las reglas deben ser generales y abstractas, aplicadas a todos y cada uno de los sujetos a los que van destinadas. La base de todo el sistema reside en que no pueden existir excepciones de ningún tipo a la aplicación de las normas.

Esta aplicación de las normas se denomina Justicia. Aquí no nos referimos al valor de dar a cada uno lo que se merece equitativamente si no a la aplicación de las reglas predefinidas legítimamente y la imposición de sanciones a las infracciones a las reglas. La Justicia, por tanto, debe ser general y abstracta: la aplicación de las reglas debe ser igual para todos, tanto en los grupos como en la sociedad en general.

Sin embargo, tal y como podemos ver hoy en día, hay ocasiones en que esto no es cierto. Las noticias están plagadas de personas a las que la ley no se le aplica igual que al resto: los imputados por el caso Gürtel, los que reciben sentencias desproporcionadas a su infracción, los que incumplen y no hay consecuencias, tantos y tantos políticos que son procesados y absueltos de corrupción… ¿Es realmente la justicia igual para todos?

Recientemente hemos conocido que el caso Palma Arena puede estar salpicando a Iñaki Urdangarín, yerno del Rey. Parece ser que mientra que mientras presidía la fundación Noos pudo aprovecharse para apropiarse de fondos públicos; usó esta fundación para “aparentar la no persecución de fines lucrativos; rodearse del prestigio social derivado de las actuaciones altruistas a las que presuntamente se dedicaba, y evitar suspicacias por parte de terceros para financiarse básicamente con fondos de organismos públicos“(El País, Telemadrid, El Mundo). 

Este es un momento decisivo. La Justicia de este país se encuentra ante una disyuntiva crucial para el futuro. Por un lado, asegurar que todos somos iguales ante la ley, lo que implica que Urdangarín sea procesado y si es culpable tenga que cumplir la condena que se le imponga. Por otro, despertarnos de golpe de este sueño de libertad en el que estábamos viviendo hasta ahora y confirmar nuestros peores temores: las leyes son diferentes para los poderosos.

Este último caso significaría el principio del fin de España como democracia por cuanto que no puede subsistir un sistema en el que el pueblo soberano recibe una ley y los que han conseguido un cierto poder reciben otra o ninguna. Sería el estallido y la ruptura radical del Contrato.

Acabo con unas frases sobre la justicia. Voltaire dijo: “Los pueblos a quienes no se hace justicia se la toman por sí mismos más tarde o más pronto.” Montesquie sentenció: “La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.”

Un saludo y hasta la próxima.

El Vigía.

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El torreón del vigía / “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.” (Abraham Lincoln)

No hay mucha gente que viva aislada como yo, en mi refugio y mi retiro. A lo largo de incontables años he podido comprobar cómo, por lo general, los seres humanos tienden a agruparse y a formar comunidades de muy diversos tipos: equipos de deportes, grupos de amigos, clubes de aficionados… Hay tanta variedad que no exagero demasiado si afirmo que probablemente haya muy poca gente que no se pudiera sentir identificada con alguna de estas agrupaciones. Es algo totalmente natural: las personas son sociales por naturaleza.
 
Por otro lado, incluso habiendo una enorme disparidad de orientaciones, criterios u objetivos, todos los grupos comparten una necesidad: la necesidad de una jefatura que coordine y dirija al grupo hacia la mejora común en todos los aspectos posibles. Esta dirección puede darse de muchas maneras diferentes que no es necesario explicar a fondo, pero que se pueden clasificar en dos: directas e indirectas. La diferencia radica en que las directas se dirigen por el voto común de los integrantes del grupo y las indirectas, en muchas ocasiones debido al gran tamaño del grupo, se dirigen mediante unos representantes elegidos de entre los miembros. El primer caso tiene una legitimidad de hecho y de derecho: todo el mundo vota y se tienen en cuenta todas las opiniones.
 
El segundo caso es diferente puesto que al elegir a unos representantes se está confiando en que estos defenderán los mejores intereses para el grupo (o para nosotros). Esta es la idea clave de lo que Rousseau denominó el Contrato Social, donde la asociación asumida por los ciudadanos debe ser “capaz de defender y proteger, con toda la fuerza común, la persona y los bienes de cada uno de los asociados, pero de modo tal que cada uno de éstos, en unión con todos, sólo obedezca a sí mismo, y quede tan libre como antes.” Es difícil decirlo mejor. Por tanto, la idea básica sobre la que se asienta esta representatividad es el Contrato tácito que se establece entro los electores y los elegidos. 
 
El grupo más amplio del que podemos formar parte es nuestra sociedad. Es lo que nos define y nos cuenta lo que fuimos, nos ayuda a mejorar lo que somos y nos promete lo que seremos. Es, por tanto, de tal importancia este grupo que es crucial que su dirección sea adecuada. Esta dirección en general es extremadamente complejo hacerla mediante la acción directa, por lo que al final se acaba recurriendo a la acción indirecta y la elección de representantes. Pero la base sigue siendo la misma: el Contrato que se establece entre electores y elegidos. No se debe olvidar que el poder reside en los electores y es así como debe ser. Los representantes elegidos para la dirección son meros depositarios. Parafraseando a Montesquieu, son las bocas mudas que dictan y ejecutan aquello que los electores les encomiendan.
 
Este hecho es básico en todas las sociedades que se denominan democráticas, por cuanto que una democracia es una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo. ¿Suena a Rousseau?
 
Sin embargo parece que en los últimos tiempos el Contrato se está rompiendo y adulterando. No sólo los representantes elegidos creen que el poder emana de ellos mismos sino que estos mismos dirigentes están dejando en manos ajenas el control de todo lo que antes se había acordado con ellos. El control se está cediendo a los que tienen el dinero para comprarlo. Cada día más los destinos de los países se deciden en función del tamaño del bolsillo de la institución financiera que más mire por su cuenta de resultados y menos por las vidas de los ciudadanos.
 
En los últimos días estamos asistiendo a una situación que no tiene precedentes en el mundo contemporáneo. Grecia tiene enormes problemas para pagar a sus acreedores. Esto no es nuevo. Lo que se ha ido haciendo hasta ahora ha sido conceder créditos a los helenos para que pudieran hacer frente a sus obligaciones financieras. El resultado ha sido que ahora Grecia debe mucho más dinero que antes. ¿Y cómo va Grecia a salir del agujero? Con los consabidos recortes.
 
No es mi intención arremeter contra los recortes. Eso es un tema diferente y será tratado en otra ocasión. Lo que personalmente me preocupa es otra cosa. Tras la última reunión de Jefes de Estado sobre la situación de Grecia, el Primer Ministro Papandreu  ha decidido que debe someter a referéndum la aplicación de las medidas de ajuste que haya que tomar. Esto ha levantado tal polvareda y polémica que parece que es está dejando de lado algo que es mucho más importante que si los mercados se ponen nerviosos o no. Y por desgracia, no son únicamente los gobiernos europeos los que tratan de hacerle cambiar de idea. Una inmensa multitud de comentaristas y políticos españoles se está declarando públicamente en contra.
 
Esto es no sólo una grave irresponsabilidad sino algo totalmente intolerable. La base de la democracia es que el poder reside en el pueblo. Y esto significa que no se le puede negar el derecho a decidir sobre su futuro. Las protestas sobre la consulta vienen por un lado del miedo a lo que pueda suceder en los mercados (de esto hablaremos otro día) pero, sobre todo, de lo que pueda suceder en cada uno de los países. ¿Y si todos los ciudadanos decidieran que quieren opinar sobre su país? ¡Sería el acabose!.
 
La democracia se basa en el Contrato Social, en que el pueblo tiene el poder para decidir sobre su futuro. Si esto se elimina se acabó la democracia y todo lo que conlleva. Salga lo que salga de esa consulta, el pueblo griego tiene todo el derecho del mundo a poder votar y decidir. Es el resumen del pensamiento de Voltaire: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.
 
Como siempre, acabo con un par de citas. En primer lugar, el lema del Despotismo Ilustrado: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.”  En segundo lugar, hace mucho tiempo, Aristóteles dijo: “La democracia ha surgido de la idea de que sí los hombres son iguales en cualquier respecto, lo son en todos.
 
Un saludo a todos. Nos vemos la semana que viene.
 
El Vigía.

El torreón del vigía /

El tiempo transcurre a una velocidad diferente aquí arriba, algo que es complejo de comprender sin haber contemplado la evolución de las ciudades durante tanto tiempo como lo he hecho yo. En ocasiones las fechas y los tiempos se mezclan y entrecruzan y es difícil distinguir si un hecho concreto sucedió hace mucho o poco tiempo. Y esto me sucede especialmente con la meteorología. Últimamente el clima en los alrededores ha estado más revuelto que de costumbre. Es cierto que ya iba siendo hora de que se acabase el verano y pudiese salir a la atalaya de mi torreón sin correr el riesgo de que se quemase mi creciente calva con la fuerza del sol. Un poco de aire fresco soplando y enfriando suavemente todas las esquinas de mi refugio era algo con lo que soñaba en ocasiones, mientras daba vueltas en el lecho incapaz de conciliar el sueño más de unos minutos seguidos. Algo de aire fresco sobre mi húmeda espalda y mis pobres piernas retorcidas. Sólo algo de aire fresco.
 
Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque puede hacerse realidad. Y lo que ha aparecido no ha sido una brisa sino un huracán que ha no sólo nos ha arrancado el calor sino también nuestras contemplaciones, esperanzas y sueños y lo ha barrido todo de golpe, brutalmente. Un torbellino violento de paro, hambre, desahucios y recortes. Un paro inmenso que es un cáncer creciente en el país; el hambre de miles de personas por una vida mejor que no pueden tener aunque se la habían prometido; desahucios y desalojos a familias completas que tienen que buscar la forma de sobrevivir en una sociedad cruel. Y recortes. Recortes en todos los aspectos: las familias ahorran para llegar a fin de mes, las empresas ahorran despidiendo o bajando los salarios, los bancos suben sus comisiones para agarrar algo más de lo que pueden conseguir… y los gobiernos también recortan. Y lo que más sufre habitualmente, y en este caso no es una excepción, son los servicios sociales.
 
La semana pasada hablamos sobre la importancia de la educación. También en la página de Facebook de Proyecto TUD publicaron unas reflexiones de Aristóteles sobre la educación que no pueden tener más importancia. Hoy vamos a dejar de ser generales y a vamos a ir a lo concreto. Hoy vamos a hablar de lo que le están haciendo a la educación en España.
 
Hace unos pocos meses en la Comunidad de Madrid y más recientemente en Castilla La Mancha se han anunciado unos recortes en la Educación que ya se están aplicando. Los recortes comenzaron con Esperanza Aguirre enviando una carta plagada de errores a los profesores de la Comunidad de Madrid (al principio algunos dudaban de su autenticidad, aunque hay quien ha querido probar que las cartas con errores existían) en la que les hacía partícipes de la situación complicada de la economía y de la necesidad de arrimar el hombro. ¿Resultado? Lo principal, el tan manido tema de las 18 / 20 horas de trabajo.
 
Antes de seguir me gustaría dejar claro un punto. Los profesores no trabajan 18 horas como se ha dejado caer. Trabajan 37,5 horas como todos los funcionarios. Esas son horas lectivas, de clase. Durante el resto del tiempo no están mano sobre mano. Preparan clases, tienen reuniones de departamento o claustros, tutorías, guardias de patio, de clases y de biblioteca, corrigen ejercicios y/o exámenes, reciben a padres y alumnos, organizan actividades extaescolares para los alumnos… Y muchas veces siguen trabajando en casa para poder terminar de corregir a tiempo para las evaluaciones. También hay que reconocer que luego rectificaron, que dicen que es de sabios. Al césar lo que es del césar. Sin embargo, la cosa no acabó aquí.
 
En septiembre se presentaron los recortes de Castilla La Mancha tras anunciar un aumento de plazas de interinos en agosto. Estos recortes no sólo copiaron a los de la Comunidad de Madrid sino que fueron más allá. Después del reparto de plazas de interinos de principios de septiembre, en el que se repartieron muchas más que en otros años, en la convocatoria definitiva cientos de interinos supieron que habían perdido sus puestos y se quedaban en la calle. Más tarde la misma receta se ha ido extendiendo a otras comunidades.
 
  • Aumento del paro, al enviar a tantos interinos a la calle.
  • Aumento del número de alumnos por aula y por profesor, con la consiguiente bajada de calidad, que no se compensa porque las clases las den profesores fijos, puesto que todos pasan las mismas pruebas. La diferencia entre un fijo y un interino es, en la mayoría de los casos, la cantidad de plazas disponibles.
  • Reducción de servicios en los institutos: supresión de guardias de biblioteca o de desdobles en muchas asignaturas por no haber profesores suficientes.
  • Pese a lo que se dice desde los gobiernos autonómicos, muchos profesores están impartiendo clases de asignaturas que no les corresponden (1, 2). Y lo que es más, se está instaurando una censura y una ley del silencio que recuerdan tiempos mucho más oscuros de la historia de España. No hay más que mirar las manifestaciones (1, 2, 3), la marea verde (1, 2, 3) y la persecución injustificada que se está haciendo a estos colectivos de profesores.
  • Caso especialmente grave es el de los bachilleratos. Este año entra en vigor la nueva Selectividad en la que habrá una prueba ORAL de inglés. Muchos institutos estaban haciendo desdobles e impartiendo clases de conversación. Esto se ha quedado en nada: al no haber profesores suficientes, no habrá desdobles y clases orales. El que pueda permitirse clase particulares irá preparado. El que no…
Pero no hay problema. Nuestros distinguidos gobernantes aseguran que no es cierto que haya habido recortes educativos y que apoyan a los profesores por encima de todo.
 
Demagogias y manipulaciones aparte, estamos asistiendo a algo que debería ponernos los pelos de punta. Estamos presenciando la destrucción de todo lo que se había construido en los últimos 40 años: la libertad, la igualdad, no discriminación… todos estos derechos derivan de lo más importante: la educación. Tengamos la filiación política que tengamos, no podemos dejar que esto suceda.
 
Para terminar, una reflexión. ¿Donde está yendo ese dinero que se está ahorrando? Si se le quita dinero a la educación pública, ¿cómo se le pueden estar concediendo subvenciones a la privada y a la concertada? ¿Es que acaso realmente se quiere convertir este país en un grupo de borregos analfabetos dominados por una aristocracia culta? Creo que todos deberíamos pensar sobre esto. Nos estamos jugando el futuro de nuestros hijos.
 
Voy a acabar con dos citas para pensar hasta la semana que viene. La primera es del genial Plácido Domingo: “En la mayoría de los países no interesa educar al pueblo, porque cuando aprende a leer se interesa por los problemas y pide cuentas; los analfabetos no dicen nada“. La segunda es del psicólogo hispanoamericano Ricardo Combariza: “Un pueblo puede tener piedras, garrotes, pistolas o cañones; aún así, si no tiene libros está completamente desarmado“.
 
Un melancólico saludo desde las alturas. Hasta la semana que viene,
 
El Vigía.

El torreón del vigía / Abrid escuelas y se cerrarán cárceles (Concepción Arenal)

Desde mi torreón la vista abarca espacios inmenos en todas direcciones. La altura de su parte más elevada me proporciona una envidiable atalaya desde la que observar el mundo. Por supuesto, eso significa que los cimientos son profundos y estables. Cuando se construyó mi refugio, lo más importante fue la base donde todo el peso se apoyaría. Ninguna estructura puede resistir mucho tiempo sin un sitio firme y seguro donde asentarse.

Algo parecido sucede en nuestra sociedad. Es una estructura inmensa, compleja, interconectada con las de otros países. Y necesita unos cimientos sólidos sobre los que asentarse, sobre lo que construir el futuro nuestros hijos. Una base que no sólo nos sirva a corto plazo, sino que nos guíe y nos ayude en el futuro, que nos permita salir de la grave crisis en la que estamos reforzados y no destruidos. Esta base tiene muchas caras, pero hoy me centraré en la más importante: la educación.

La educación es el futuro. Sin ella no somos nada. No podríamos transmitir nuestros conocimientos a personas que los aprovecharan y los aplicaran. Es lo que nos hace diferentes y nos permite comprender el mundo que nos rodea, tener ilusiones y esperanza, encontrar aquello que nos motiva y nos anima a seguir adelante. La educación no es sólo formación. Y no digo esto como si la formación fuera poco importante, sino porque la educación abarca más aún. Es lo que nos iguala con el resto de nuestros congéneres. Es lo único que no diferencia entre razas, aptitudes físicas, sexo, ideología… Es lo que da poder al pobre y un medio de ganarse la vida al hambriento. 

Es por eso que asisto atónito, incluso desde la distancia, a lo que está sucediendo en muchas regiones de nuestro país. Sí, seré un ermitaño, pero todavía le tengo cariño a la tierra en la que nací. Y es por esto que siento una gran tristeza y un enorme desconsuelo. Porque se están plantando las semillas de un futuro no muy lejano, unas semillas  aparentemente gordas y suculentas, pero vacías de todo valor por dentro.

Pueden existir diferentes opiniones sobre cómo debería ser la educación: más estricta o más permisiva, basada en resultados o en procesos, hacia la excelencia, la media o el nivel mínimo, bilingüe o no, nacional o nacionalista… Pero en lo que la gran mayoría de la gente está de acuerdo es en que debe ser una educación de calidad. En la que los alumnos estén adecuadamente enseñados, con los recursos y sacrificios necesarios. Porque no estamos hablando de un capricho.

NO es tirar el dinero. No es gastar. La educación es inversión. Una inversión que nos ayudará a seguir adelante y prosperar y no ser el vagón de cola del mundo.

La próxima semana os hablaré de lo que se hace y lo que no se hace por la educación. Acabo con una cita de Hesíodo, poeta griego, para pensar hasta la semana que viene: “La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser“.

Hasta entonces, felices sueños.

Un saludo,

El Vigía.

El torreón del vigía / El cambio es la única cosa inmutable (Arthur Schopenhauer)

Entre las almenas de mi torreón se respira tranquilidad. Una paz y una quietud que aplaca el alma y las emociones. Quizá por eso cuando el ratoncillo blanco que nunca consigo atrapar me roba un poco de queso, no consigo enfadarme con él. Es su naturaleza, no hay nada que pueda hacer más que guardar mejor mis viandas. Salvo raras excepciones, en general el mundo animal es así: los tigres son cazadores aunque un poco vagos, las ballenas surcan los océanos con bellas canciones que nos dejan maravillados, las aves navegan por el viento y muchas veces nos cubren de… bueno, de lo que nos cubren. Pero no hay nada por lo que molestarse, son así. Por suerte, los seres humanos no.

Bueno, quizá he sido muy apresurado. Debería decir que, en general, los seres humanos “no somos así”, por mucho que nos guste repetirlo. Los clichés y las etiquetas nos hacen la vida más sencilla a todos, como últimamente han mostrado algunos políticos catalanes: los andaluces son unos vagos y no trabajan, como dijo hace tiempo Duran i Lleida, tema repetido últimamente con ligeras variaciones, diciendo que Andalucía tira el dinero que Cataluña ahorra con los recortes; o como Artur Mas, que trató de defender la inmersión lingüística atacando el acento extremeño o andaluz. Es muy sencillo decir que los andaluces son vagos, que los catalanes son unos peseteros, los castellanos secos, los madrileños chulos, los vascos más brutos que un arado… Pero luego, cuando salimos fuera, ¿a cuántos no nos apena descubrir que el cliché del español sigue siendo el del flamenco, los toros y la siesta? Nadie “es así”. Todos podemos aprender cosas nuevas o reconocer que las que sabíamos hasta cierto momento estaban equivocadas. A esto se le llama ser adulto.

Día tras día podemos contemplar el bochornoso espectáculo que se nos ofrece en las tertulias y los debates en los medios de comunicación. Incluso muchos de nosotros en las conversaciones que mantenemos: los nuestros son los buenos, los otros son los malos. Independientemente de que pensemos o no que los políticos sean parte del problema (y esto dará para una futura columna), está en juego no únicamente nuestras opiniones sino también nuestra capacidad de aprender de los demás. El mundo nos orienta hacia la confrontación en lugar de al intercambio de opiniones que nos puedan enriquecer a todos.

Mucha gente tiene miedo a cambiar. Miedo a ser diferente de lo que se ha sido hasta ese momento. Miedo a perder la identidad. Este miedo, aunque comprensible, es irracional. Y lo es precisamente porque no es cierto que no se cambie. Por mucha resistencia que se ponga al cambio, todo cambia. Como dijo Heráclito, “nadie se baña dos veces en el mismo río“, porque el agua que baja la segunda vez es diferente de la primera: incluso lo que parece inmutable no lo es. Schopenhauer dijo: “El cambio es la única cosa inmutable“: el cambio es adaptación y crecimiento.

Me gustaría terminar este primer ensayo con una idea que será muy importante para el futuro: las ideas y las opiniones son únicamente ideas y opiniones. Ninguna es sagrada porque todos podemos estar equivocados en algo, por lo que debemos tener los ojos abiertos hacia el cambio. Uno de los mayores errores que se puede cometer, tanto como individuos como sociedad es no estar abiertos al cambio. El cambio es el futuro, es evolución. Es lo que nos hace lo que somos.

Quiero acabar con dos citas. La primera es de Tolstoi: “Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.” La segunda cita es de Kennedy: “El cambio es ley de vida. Cualquiera que sólo mire al pasado o al presente, se perderá el futuro.”

El torreón del vigía / La perspectiva de la altura

En las alturas el aire está menos viciado. Por aquí arriba no hay contaminación ni gases de automóviles, ruidos, atascos, carteles luminosos… La lluvia cae limpia y no embarra, las nubes son blancas y no grises. Vivir en un torreón tan elevado que se pierde entre las nubes tiene estas ventajas.

Además, da cierta perspectiva al mirar hacia abajo y ver a tanta gente haciendo sus vidas por las calles, los parques, los pueblos y las ciudades, cada uno con sus anhelos, sus sueños, sus esperanzas… Y sus tristezas y decepciones también, claro está. Ver la imagen de conjunto ayuda a tener una visión más objetiva de la realidad. A comprender que no suele haber blancos y negros y que casi todos nadamos en una amplia gama de grises.

Esta es la razón de que me haya decidido, tras un largo tiempo de reflexión, a enviar semanalmente unas líneas comentando unas pinceladas de acá y otras de allá, sin maniqueísmos, sin filtros previos. Un papiro sincero, comprometido con la independencia de todos y la ética por encima de cualquier otra consideración.

Nos vemos la semana que viene. Mientras tanto, yo os vigilaré desde mi torreón. Esta será nuestra atalaya para observar la realidad que nos rodea.

Saludos,

El Vigía.